Opinión, Arte y Diseño Web por Rafael Torres




Archivos de June, 2005

Los Muertos Vivientes de George Romero

Un zombie encuentra su cena en una escena de Land of the Dead

El miedo en el cine, al igual que el humor, es un asunto totalmente subjetivo. Mientras algunos deliran de risa ante el humor de productos hollywoodenses como American Pie, otros sencillamente no le ven la gracia (si no me creen sólo miren las reseñas de usuarios para esta cinta en el Internet Movie Database). Con las películas de terror pasa exactamente lo mismo y, de hecho, cada vez se hace más difícil encontrar filmes que den verdadero miedo. El buen escritor/director de cine de terror sabe esto mejor que nadie, y por eso se preocupa de hacer cine que funcione en diferentes niveles. Jaws funciona porque si el tuburón no te da miedo, todavía quedas con una excelente película de aventura. Por eso después de treinta años sigue siendo de lo mejor, aunque sabes perfectamente cuándo aparecerá Bruce el tiburón y a quién se va a comer. Por otro lado, ¿quién querría ver The Ring más de una vez? Quítale el elemento sorpresa y te das cuenta que es una película absolutamente tediosa, similar a cuando Homero Simpson fue sobrio por primera vez a un juego de beisbol ("¡No me había dado cuenta lo aburrido que era esto!").

Esta semana apareció en cartelera el filme Land of the Dead, del "padre del terror moderno" George A. Romero. Esta es la cuarta parte de lo que para muchos fanáticos (me incluyo) es una de las mejores sagas del cine de horror de todos los tiempos. La serie se ha disinguido por los excelentes guiones, escritos por el mismo Romero, donde se mezcla la violencia gráfica con la crítica social. Son películas divertidas y extravagantes que además funcionan en otro nivel por la inteligencia y visión que Romero le imparte. Un poco de historia:

En 1968 Romero, entonces director de comerciales, creó una película de bajo presupuesto que redefinió para siempre el cine de terror. Night of the Living Dead revolucionó un género que hasta entonces se preocupaba más por las historias góticas de vampiros, momias y hombres lobos y las reemplazó por una atmósfera mucho más oscura, un holocausto donde los muertos se levantan para comerse a los vivos y donde no puede haber un final felíz. Por primera vez se enseñaba la sangre y entrañas de forma gráfica y explícita; a los zombies se les ve arrancando carne humana de los huesos y saboreando su sangre. Esta cinta marcó el principio del cine de horror moderno, y abrió paso a una de los mejores décadas en el cine de terror: los setenta.

Night of the Living Dead, aún cuando resulta absolutamente efectiva en el área del miedo y el suspenso (me dio miedo a mí, y ni hablar de la reacción que debe haber causado en su momento), contiene elementos de crítica social que la elevan más allá de la simple explotación. El colapso de la sociedad, la tensión entre razas y el rol de las autoridades son todos temas que el público de aquella época, sumergido en la crisis de la guerra de Vietnam, captó muy bien. Romero continuaría usando efectivamente la mitología zombie para la observación social en sus siguientes proyectos.

Dawn of the Dead (1978), la secuela a Night of the Living Dead, es considerada por muchos la mejor película de zombies en la historia del cine. Esta vez Romero hace una sátira social mucho más directa y mordaz, siguiendo la historia de varios sobrevivientes del holocausto zombie que se refugian en un centro comercial. Aquí Romero aprovecha el escenario para criticar el consumerismo y la complacencia de nuestra sociedad; el centro comercial es el refugio más atesorado, tanto para humanos como para zombies. Romero aumenta el nivel de sangre, pero le inyecta también una dósis de humor para nivelar (¿En qué otra película se puede ver una guerra de pastelazos entre humanos y zombies?).

En 1985 Romero lanza Day of the Dead, la tercera en la serie. En esta ocasión seguimos la historia de un grupo de militares y científicos viviendo en una base subterránea luego del holocausto zombie. Los científicos abogan por la calma, la investigación del fenómeno y la búsqueda de una cura, pero los militares destruyen estas esperanzas en favor de la fuerza bruta. Romero nuevamente inserta la crítica social, esta vez apuntando sus cañones a la militarización de la era Reagan. En cuanto a historia esta es la más floja de la serie, y algunas actuaciones son tan pésimas que bien podrían ser de telenovela mexicana. Romero mismo lo admite y explica que sus ambición era crear un filme mucho más épico y grandioso, pero el presupuesto no fue suficiente. Afortunadamente los efectos especiales y los zombies se ven magníficos.

Ahora, veinte años después llega Land of the Dead, gracias a un resurgir en la popularidad del cine zombie que comenzó en el 2002 con 28 Days Later y Resident Evil, y que inclusive produjo una nueva versión de Dawn of the Dead (2004), pero sin asociación alguna con George Romero, ni la sátira ni el humor de la original. Romero cuenta vez con un presupuesto mucho más generoso de $15 millones, aunque todavía modesto para los estándares del cine moderno, y un reparto de actores reconocidos.

En Land, los humanos se han amurallado dentro de una ciudad con clases sociales muy marcadas. La mayor parte de la ciudad es un ghetto de pobreza, vicio y crimen, mientras los más privilegiados viven en un rascacielos de lujo extravagante llamado Fiddler’s Green. La muralla que protege la ciudad contra los zombies la defiende un ejército de mercenarios contratados por Kaufman (Dennis Hopper), el "presidente" de la ciudad que también tiene intereses económicos en el vicio, apuestas y la prostitución del ghetto. Los mercenarios salen regularmente fuera de la ciudad al mundo zombie en camiones blindados en busca de abastecimientos para los residentes de Fiddler’s Green. Lo que no se dan cuenta es que poco a poco los zombies han comenzado a comunicarse entre sí, aunque rudimentariamente. La crueldad de los mercenarios impulsa un agrupamiento masivo de zombies que se dirigen a la ciudad en busca de venganza. Mientras esto ocurre, Cholo (John Leguizamo), un mercenario con aspiraciones de vivir en Fiddler’s, se disgusta cuando Kaufman le niega la posibilidad de entrar a la vida del lujo. Cholo se apodera de un camión blindado y amenaza con abrir las puertas de la ciudad a la invasión zombie.

Este es definitivamente el capítulo más alegórico de la serie. Es obvio que Romero crea un paralelo con el estado actual del primer versus el tercer mundo y la llamada guerra contra el terrorismo post septiembre 11. Inclusive en un punto se escucha a Kaufman decir "no negociamos con terroristas", haciendo eco de las palabras de George W. Bush. A pesar que la trama se mueve demasiado rápido -me hubiera gustado ver más y absorber mejor este doble mundo de lujo y miseria- la cinta nunca degenera en la acción tonta de películas como Resident Evil, donde cada lucha va acompañada de música tecno y las partes "cool" son en cámara lenta al estilo Matrix. Por supuesto, Romero no se olvida del "gore", y aquí hay más que suficiente; las entrañas y las cabezas vuelan por los aires, y esperen a ver lo que hace un zombie con el arete de ombligo de una residente de Fiddler’s. Si esto es así en el cine, imagínense cómo será la "versión del director" en DVD.

La cinta es exitosa y le hace más que justicia al legado de las anteriores en la serie. Land of the Dead y la cuatrilogía de los muertos vivientes son excelentes películas de terror y de ideas. Romero una vez más seduce con el miedo y trasciende con el mensaje, y de paso le da una lección al Hollywood desechable de películas con fecha de expiración.

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Bandas Favoritas: Rage Against the Machine

Rage Against the Machine

El género del rap-metal (y su hijo el nu-metal) siempre le ha pertenecido fundamentalmente a los blancos en Estados Unidos. Esto es a diferencia del hip-hop tradicional, que hoy en día es tan blanco como negro. A mediados de los noventa, una cantidad de artistas metal se enamoraron de la actitud y la agresividad que presentaba el gangsta rap y la mezclaron con elementos del Thrash y el Industrial. De ahí obtuvimos bandas como Korn y Limp Bizkit; en esencia grupos metal con un MC rapero en el micrófono. El problema de esta combinación es que estos artistas multiplicaron por diez la agresión y añadieron una cuantiosa dósis de testosterona y actitud misógina, pero olvidaron por completo el funk, el beat que al fin y al cabo hace al rap divertido hasta el día de hoy.

Rage Against the Machine siempre fue una banda diferente a esta tendencia. Aunque la fórmula banda metal/cantante rap se repite aquí, la sección de ritmo de Rage siempre se inspiró más en James Brown que en John Bonham, logrando una curiosa combinación de agresividad y "funkiness" que otros grupos nunca pudieron igualar. Por otro lado está el virtuoso de la guitarra, Tom Morello, que se convirtió en uno de los músicos rock más influyentes de los noventa con sus innovadores sonidos en la guitarra (reproduciendo a perfección el "scratch" de un DJ y proclamando orgullosamente en los panfletos de los discos que "todos los sonidos en este álbum fueron hechos con guitarra, bajo, batería y voz"). Finalmente del lado hip hop está Zach de la Rocha, con letras ardientes cargadas con política de izquierda, denunciando el imperialismo (usualmente el del gobierno de EE.UU.) y recitando odas a la revolución armada de los indígenas oprimidos. En efecto, Rage fue la banda que mejor logró capturar la alquimia rap-metal, y cuando la química era perfecta no sólo crearon la mejor música de su género sino que también alguna de la mejor música de su época.

El autotitulado primer álbum de la banda contiene algunas de sus canciones más memorables. En este caso el sonido de la banda es simple y directo: los riffs de Tom Morello son limpios y el estilo de Zach de la Rocha sale directo del rap de la vieja escuela. Las mejores canciones aquí son Know your Enemy, Wake Up y Freedom (en especial les recomiendo que vean el vídeo de Freedom). El explosivo primer tercio de Evil Empire, su segundo disco, con canciones como Bulls on Parade, People of the Sun y Vietnow fácilmente es de lo mejor del catálogo de Rage. Es una pena que el resto del disco nunca logra igualar la fórmula; la balanza rap/metal se inclina hacia el metal. Afortunadamente en The Battle of Los Angeles, Rage vuelve a capturar la magia, esta vez con más influencias del gangsta rap en el lado hip-hop y con una explosividad en el lado rock nunca antes vista. Canciones como Calm Like a Bomb y Guerrilla Radio son de lo mejor aquí. Para finales de los noventa ya la banda prácticamente se había desintegrado, pero no diría adiós sin antes sacar el álbum Renegades, donde le hacen homenaje a las grupos que más los influenciaron. Este experimento, que muy fácilmente pudo haber sido desastrozo, resulta increíblemente bueno, principalmente porque la banda no trata de imitar a los artistas originales. Las mejores canciones son How Could I Just Kill a Man (original de Cypress Hill) y Renegades of Funk (original de Afrika Bambaataa). También es interesante escuchar a Zach de la Rocha cantando Punk en In My Eyes (original de Minor Threat); le queda muy bien. Por último les recomiendo cualquiera de los vídeos que hay disponibles de la banda tocando en vivo. Es fascinante ver cómo miles y miles de personas brincan al unísono ante el poder de la música de Rage.

La biología explica que la pérdida de diversidad genética produce falta de evolución y por lo tanto extinción prematura. En la música ocurre lo mismo; un género musical tiene la muerte segura cuando se niega a cambiar, a mutarse y combinarse con otros. Cada cierto tiempo aparecen bandas como Rage Against the Machine, que con su innovación se aseguran que el rock jamás morirá.

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